La Masonería trasciende el tiempo y el espacio. Une a los iniciados de todo lugar y época, a personas de toda condición, de todo origen, religión o filosofía, que conjugan sus esfuerzos para construir el templo ideal de la Verdad, de la Justicia y de la Fraternidad.


Las  masonas y masones no son sabios, ni moralistas ni santos, son personas que aspiran a ser plena y dignamente humanas. Son profundamente respetuosas de la individualidad y privilegian el pensamiento creador. Combaten la ignorancia, la pereza y la violencia en cualquiera de sus formas. 

Más que una institución, la Masonería es un método racional de acceso al conocimiento y por este medio a la Libertad. La verdadera libertad, la de conciencia, sólo se adquiere por el trabajo y se conserva por la perseverancia.


Desde el principio de su existencia, la sociedad de los masones ha tenido el privilegio de atraer sobre ella la atención del mundo; ha agitado y ocupado los espíritus más fuertes y más hábiles y despertado el interés entre los sabios de todas las condiciones.

A pesar de los intentos por destruirla, por entorpecer su acción, por transformar sus tendencias, la Masonería se ha sostenido, se ha extendido y se ha desarrollado. Contribuye en el transcurso del tiempo al perfeccionamiento de la vida social, hace sentir su saludable influencia sobre la moral pública y la educación de los pueblos. 

 
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